
Son misteriosos los caminos de la experiencia de vivir… mezcla perfecta entre nuestras acciones y la manifestación de algo que solemos llamar azar. Un azar que tal vez es la forma como lo insondable aparece para mostrarnos algo.
Estos días han sido un verdadero laboratorio de la conciencia en el borde de la mátrix. Una inmersión decidida en las fronteras del sentir, en los límites de las posibilidades. Una provocación a la propia coherencia, un desafío a la capacidad de experimentar y procesar la experiencia. Y al mismo tiempo la manifestación explícita de aquello que no podemos controlar y que simplemente se expresa en sincronías y señales, incluso hasta la siempre inesperada irrupción de la muerte para marcar un cierre, para indicar un comienzo: el borde, el umbral, el pasadizo secreto.
Rescato estas palabras de John Roger:
Date permiso de atravesar una variedad de expresiones y experiencias en la vida, sabiendo que todas son parte de la condición humana y parte de tu ser multidimensional. Tienes que estar anclado aquí en la tierra, tanto como tener conciencia del Alma y el Espíritu. Todo tiene que estar equilibrado y entonces podrás progresar.
Cuando todo está equilibrado, la voluntad de Dios y la tuya se vuelven una sola y ya no hay una lucha entre: “Que se haga Tu voluntad” y “que se cumpla mi voluntad.” Pides que se haga la voluntad de Dios por tu intermedio, a través tuyo, tal como tú mismo.
Por lo tanto, se inteligente. Entra al Espíritu y usa eso para llenar todos los otros niveles. En el Espíritu ve a todas partes al 100 por ciento. Es la única manera de experimentar la conciencia multidimensional. Cualquier otra forma es fracaso e ilusión.
Encuentro estas palabras absolutamente atingentes, al descubrimiento que pienso se esconde en la magia vivida durante estos tres inolvidables días. Porque eso fue lo que hicimos: darnos permiso para atravesar umbrales y desafiar límites.
Desde el compartir de una intimidad provocadora, expresión erótica de un cuerpo que se sabe observado y que se disfruta a sí mismo, cierto de que el placer es también compartido. Cuerpos que se intuyen y se buscan, hasta ser capaces de emanar vibraciones que sin contacto producen efectos sorprendentes y conmovedores. Actividades simples que se convierten en sorpresivo encuentro en la absoluta oscuridad de la caverna. Placer de sol, agua y juego, matizado en conversaciones y divagaciones que apuntalan sueños. Caminar seguro en medio de una ciudad que vibra, que habla, que juega, que ríe, que llora. Rincones inexplorados de un Santiago profundamente vivo. Y entremedio, vuelta siempre al origen de pensamientos y sensaciones en formato de loft largamente deseado. Escuela, danza, teatro y anhelos confusos de ser también escuela para otros. Manhattan, South Beach, Latinoamérica… cuerpos que se desnudan, que se observan, que se buscan, que se tocan. Cuerpos que se encuentran y se descubren en besos apasionados y sensaciones nuevas de descarado exhibicionismo y obvio voyerismo. Placer prohibido y delicioso. Contradictorias emociones que le dan profundidad a lo obsceno, a lo superficial. Lo sublime y lo ordinario danzando provocadoramente juntos. Y vuelta al refugio, para escuchar gatunas pisadas que torturan el sueño… despertar sensual y encuentro mañanero, ronroneo perezoso y huevos revueltos. Vuelta al ataque en sorprendente expresión de virilidad vigente. Tántrico encuentro que traspasa barreras, que envuelve en nuevas sensaciones. Fluidez, Estacatto, Caos, Lirismo y Quietud… hasta la inesperada llamada de la muerte que nos devuelve a la fragilidad y la impermanencia de la experiencia de vivir. Vivir con la muerte como maestra, preparados para responder a la pregunta: ¿cuánto amor entregaste en el transcurso de tu vida?
Llamado al compromiso, a la responsabilidad del instante, a la entrega amorosa.
Aquí estamos…















Y seguimos...
Y no es algo que sucede a voluntad... hay permitir que se manifieste lo inefable
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Raul Pacheco